Esta ciudad de Andalucía, tiene un encanto especial. Estuve el pasado verano con una muy buena amiga, Julia, una semana de julio, con billetes comprados a las tres de la mañana en la biblioteca, en febrero y hartas de estudiar; bastante económico nos salió.

Nada más llegar, como buenas madrileñas, teníamos ansia por ver el mar, motivo de que nuestros amigos almerienses se rieran de nosotras. Ellos están hartos de tomarse algo en una terraza llamada
Café París, en pleno paseo marítimo. Si te pides una caña o un café o un
loquesea, te ponen una tapa a tu gusto. Y bien buena.
En esa semana, como he dicho lo primero que vimos fue la playa de Almería, investigando sus calas en las que se podía ver incluso algún pequeño animalito.

Visitamos el conocido
Cabo de Gata, aunque recomiendo llevar coche, porque nosotras tuvimos que andar montaña arriba y abajo y arriba otra vez para llegar... pero mereció la pena. Unas vistas increíbles, el mar tan azul se confundía con el cielo. ( Esa chica de la foto soy yo, lalaláa ).
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| Cabo de Gata |
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Ya que estábamos por aquella zona tan bonita, nos pusimos a andar, y el azar nos llevo a descubrir una pequeña cala, llamada
Cala Rajá, con apenas diez personas, y el agua transparente, más que el de una piscina. Había muchisimos pececitos como este de la foto, y hacían cosquillas en los pies.
Mañana os sigo contando, que son la 1:45 de la noche, y tengo sueño y esas cosas...